Primera entrada del blog

Ese viejo en el mar

Dejo de lado ese libro y me digo que son sólo palabras

(Si no hay palabras en un libro, qué habría en su lugar)

Pero creo que la cosa no está en que son palabras,

el problema sería, es

digo yo, el problema es dónde me llevan esas palabras.

Porque no puedo evitar mirar por debajo del agua y

Preguntarme cómo ese pez puede soportar la presión y

después

me pregunto cómo el viejo puede soportar la presión.

Y me digo que es sólo una historia pero entonces

me pregunto por qué no puedo dejar de pensar en el viejo

o por qué quiero pensar en él

(es casi lo mismo)

¿Será por la soledad que siente? O por lo solo que se siente

Creo que son dos cosas diferentes. Tal vez sean dos cosas diferentes.

No sé, pero cada vez que lo encuentro peleando con el pez

o solo en su barco pequeño en la inmensidad de la noche

o solo bajo el sol muy lejos de la costa de La Habana

o peleando con los galanos

o  pensando en ese muchacho que lo cuida siempre,

lo puedo ver completamente desesperado.

Y no puedo dejarlo así.

Nunca lo dejo así.

Cada vez que cierro el libro me aseguro de dejarlo leyendo sobre béisbol

o soñando seguro en su cama con los leones marinos

o  con las playas doradas y blancas de África

pero nunca

nunca

nunca, jamás lo dejo solo en el mar.

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